Os dejo aquí una entrada que, escribí hace meses, pero que se había quedado en suspensión, como en un viaje a ninguna parte. No quiero dejar de compartirla...sobre todo porque habla del gran Mario Benedetti.
De nuevo ando refugiada en don Mario. De vez en cuando tengo la necesidad de volver a él, dejarme acariciar de nuevo por sus textos, por sus palabras. Estos días que no he podido disfrutar navegando por este mundo donde quedamos para tomar café, té, mate, alvariño, dahiquiri o donde nos contamos, como si de una tertulia de amigos se tratara nuestras cosas, he disfrutado de nuevo de la lectura de algunos libros que hacía tiempo no hojeaba. Pero, por casualidad, uno de estos días volvió a caer en mis manos, (lo de caer es literal, pues cayó de la librería) Vivir Adrede de Mario Benedetti. Lo abrí al azar: El ascensor.
Vivir adrede
El Ascensor
Mario Benedetti.
La muchacha y el hombre ingresaron en el ascensor en la Planta Baja.
Ella marcó el 5º piso y él marcó el 7º. Pero de pronto sobrevino un apagón y el ascensor se detuvo, naturalmente a oscuras, entre el 2º y el 3º. Él dijo:
Caramba, y ella:
Qué miedo.
Permanecieron un rato en aquel lóbrego silencio, pero al fin el hombre dijo:
Al menos podríamos presentarnos. Mi nombre es Juan Eduardo.Y ella:
Soy Lucia.
Él decidió mover de a poco el brazo izquierdo, y así, a tientas, llegó a tocar algo que le pareció un hombro de la chica. Allí se quedó, esperanzado. Ella levantó una mano y la posó sobre aquel brazo intruso,
Tenés un lindo hombro--dijo él--,
parece el de una estatua. Ella apenas balbuceó:
Tu mano me gusta, al menos es cálida.
Entonces, ya mejor orientado, el brazo masculino bajó hasta la cintura femenina. Ella tembló un poco, pero acabó sintiendo. En realidad, no tuvo tiempo de preguntar nada, porque él le cerró la boca con su boca. Lucía, un poco asombrada, sintió que aquel beso le gustaba y respondió con otro, éste de su cosecha.
Así quedaron un buen rato en aquella tenebrosa intimidad. Él preguntó:
Sos soltera?. Si, ¿y vos?; Viudo. Inauguraron un abrazo inédito, y así permanecieron, disfrutando.
De pronto se acabó el apagón, pero el ascensor todavía quedó inmóvil. Ambos, ya con luz, se estudiaron los rostros y sobre todo las miradas. Hubo un mutuo visto bueno.
Él dijo:
No estuvo mal, ¿verdad?. Y ella:
estuvo lindo .Él
Me parece que el ascensor va a empezar a moverse. En Planta Baja marcaste el 5º. ¿Vas allí?. Y ella:
No, ahora voy al 7º.
Al final el ascensor arrancó y los llevó como lo haría un padrino.
(Mario Benedetti)