A veces, cuando el otro intenta imaginar cual es nuestro deseo, casi siempre, por no decir siempre, acaba frustrado, pues lo imagina desde su propia pulsión fantasmatica, y pone en juego su propio deseo, lo que hace que jamás acierte. A veces, queriendo hacernos pasar por una situación angustiante, acaba angustiado él, y nosotros, sin ser ese nuestro deseo, acabamos dominando la situación. Y por qué no decirlo...gozando como enanos. A veces, por eso, es mejor decir claro lo que queremos o actuar tajantemente para que no nos maree demasiado con su propio mareo.
Y acabamos siendo verdugos cuando comenzamos la partida como victimas. Y nuestro malestar acaba convirtiéndose en placer. Y sin querer, consiguen que descarguemos nuestro malestar hacia ellos y así, dejar en paz a los que nos quieren.
Empezando a encontrar el rumbo...





