martes, 19 de febrero de 2008

La Casita del Monte

Subíamos en carro con el abuelo. La perra de turno atada detrás y con miedo a que pasara un avión durante las dos horas que duraba el viaje y que “furia”, el caballo del yayo, se asustara y echara a correr. Y en tractor. También subiamos en tractor. Todos amontonados, compartiendo remolque con los colchones, la comida, las mantas, la ropa...y la llave de la "casica”.
Todos los veranos, año tras año.
Recuerdo ir a coger las hierbas para hacer el jalupe, (mata, tomillo, romero, pino, orejas de liebre, anisitos)...con anís nos gustaba más...
Y las chucherías de después de comer.
Las noches jugando al “sinquet”. Las trampas del abuelo y los cabreos de la yaya.
Ir a la charca, por el barranco para bañarnos, y coger renacuajos y llevarlos a la casita para ver si se convertian en ranas (No perdíamos la esperanza de que se convirtieran en principes azules... o en el principe cabeza de cubo de Blancanieves. Algunas, todavía no la hemos perdido)....
Coger almendras y subir a los árboles para tirar aquella que está en la punta del almendro y que no se puede quedar allí.
Ir a la fuente del Enebro para llenar los cántaros de agua, con mi abuelo montado en el caballo y los cántaros en los lomos de Furia, contándonos sus batallitas, que con el paso de los tiempos supimos que eran sólo eso, batallas imaginarias. Mientras nosotros, caminando, cantábamos las canciones de moda de la época, cada año una diferente. Y esperábamos llegar a la Peña María para poder hacer eco...
Y las estrellas. El cielo más estrellado que nunca he visto: "mira, la osa mayor, mira mira, la osa menor...

Sin tele, sin radio.

Después, los coches. Y seguimos subiendo al monte.

Y después subimos con los amigos,
Con los primeros novios,
Con los primeros maridos
Con los amantes,
Con los segundos maridos
Con los hijos

Con los amigos de los hijos...

¿Subiremos también con nuestros próximos amantes?.

A mi padre, mi madre, mi abuelo y mi abuela.






3 comentarios:

María Manuela dijo...

Supongo que será tu Monte Nebro.
Hermosa historia, sube siempre, no importa quien te acompañe.

rizossa dijo...

pues una noche de pijamas en esa casita debe ser una pasada...
¿tiene piscina?

azpeitia dijo...

Bellísimo, enternecedor, me has trasladado a mis montes del norte de España, que íbamos con bueyes y carros cargados de patatas, llenos de barro y lluvia...no necesitábamos nada para ser felices...luego al anochecer, sin radio, sin TV, nos contaban los mayores cuentos y leyendas de miedo al amor de la lumbre...y nos metíamos en la cama con la luz de un candil, y nos acostábamos temblando de miedo tapados por las mantas hasta las orejas en colchones de paja....Tenía cinco años y mi primer amor dieciseis...ahora el amor es distinto....el amor es amante...un beso de azpeitia y gracias por haberme recordado esos momentos.